Sunday, October 28, 2012

" el revolucionario gallego " 

". . .  mi padre ha muerto donde quería"   Expreso desde Puerto Rico, Patricia Gutiérrez Menoyo,  hija de Eloy Gutierrez Menoyo, el comandante revolucionario cubano que desafió a Castro y que falleció en la cuidad de  La Habana, Cuba; a sus 77 años;  este pasado Viernes 26 de octubre de 2012. 


1959     Fidel Castro charla con Eloy Gutiérrez Menoyo y William A Morgan, en una fotografía datada en La Habana el 14 de agosto de 1959. El español, nacionalizado cubano tras la Revolución, fue condenado en 1965 a 30 años de prisión por participar en una acción armada contra Castro. (foto: AP)


1960     Marcha del Nuevo Gobierno Revolucionario en La Habana el 5 de marzo de 1960. De izquierda a derecha, en la primera fila: Fidel Castro, Osvaldo Dortico, Ernesto "Che" Guevara, Augusto Martínez-Sánchez, Antonio Núñez-Jiménez, William Morgan y Eloy Guttiérrez Menoyo.(foto: AP)



1986      Eloy Gutierrez Menoyo a su llegada a Madrid, procedente de Cuba el dia 20 de diciembre de 1986. El disidente al gobierno de Castro fue puesto en libertad gracias a la intermediación del entonces presidente Felipe González. (foto:Bernardo Perez)


2006     Eloy Gutiérrez Menoyo volvió en los noventa a Cuba y se entrevistó con Castro. En 2003 se instaló de manera definitiva en la isla. En la imagen, fotografiado en 2006 junto a su coche que usaba en La Habana. (foto: Mauricio Vicent)


ELOY GUTIERREZ MENOYO  1934 - 2012
por: Yoanni Sanches  El Pais (España) 
Comandante de la revolución cubana y luego opositor al castrismo, que falleció este viernes en La Habana a los 77 años. Su esposa, Flor Ester Torres Sanabria, informó de su deceso a varias agencias de prensa, a familiares y amigos.
Gutiérrez Menoyo nació en Madrid el 8 de diciembre de 1934 y formó parte de la lucha que llevó a Fidel Castro al poder. Se trasladó a Cuba junto a su familia en 1945, después de perder a uno de sus hermanos en la batalla de Majadahonda, mientras combatía junto a las fuerzas de la República. En la mayor de las Antillas moriría Carlos, otro hermano suyo, quien cayó en 1957 durante el ataque al palacio presidencial. En esa acción, cuyo objetivo era ajusticiar al dictador Fulgencio Batista, participó también el propio Eloy Gutiérrez Menoyo.
Miembro del Directorio Revolucionario, se convirtió a los 22 años en el jefe de acción de esa organización en la ciudad de La Habana. Durante la etapa de la lucha guerrillera fundó y dirigió el Segundo Frente, ubicado en las montañas del Escambray, en la zona central de Cuba. Al triunfar la Revolución en enero de 1959, pasó a integrar las Fuerzas Armadas Revolucionarias pero rápidamente se agudizaron sus desacuerdos con el Gobierno de Fidel Castro. En 1961 salió de la isla, para regresar en 1964 liderando un intento armado de derrocar al régimen de La Habana. Fue hecho prisionero y condenado a 30 años de cárcel.
Pasó 22 años en prisión, en duras condiciones y durante ese tiempo su salud se deterioró, perdió la visión de un ojo y parte de su capacidad auditiva. Fue excarcelado en 1983, tras intensas gestiones del Gobierno de Felipe González. Gutiérrez Menoyo se radicó entonces por un breve tiempo en España para finalmente exiliarse en la ciudad de Miami. Allí fundó la organización Cambio Cubano, que fue duramente criticada por varios sectores de exiliados por promover un diálogo con las autoridades cubanas.
En esa nueva etapa de su vida pudo realizar varias visitas a la isla, incluso llegó a entrevistarse con el propio Fidel Castro. En 2003 durante una estancia en Cuba, anunció que se quedaría a residir de forma permanente en territorio cubano. Aunque su decisión iba contra las leyes migratorias, las autoridades le permitieron quedarse aunque nunca le regularizaron su situación legal.
En sus primeras declaraciones después de decidir quedarse en Cuba, Gutiérrez Menoyo confirmó que quería hacer oposición. Sin embargo su deteriorado estado físico limitó mucho su actividad política. En su testamento, publicado por EL PAÍS, confirma que no se le había “extendido el carnet de identidad” y tampoco se le había “otorgado el espacio político que se discutió en un tiempo”.
Patricia Gutiérrez Menoyo, hija del comandante, aseguró este viernes que su padre “había muerto donde quería”. “Mi padre fue una de las personas más valientes, el guerrero más dulce que he conocido”, enfatizó la también editora, radicada en Puerto Rico.
El texto de despedida de Gutiérrez Menoyo deja abierta la puerta al optimismo, al asegurar que el futuro de Cuba “se basa en la fuerza telúrica de esta isla; en la ternura infinita de la mujer cubana; en el poder de innovación de su gente más sencilla. La herencia de perdurabilidad de la nación cubana resistirá todos los ciclones de la historia y a todos los dictadores”.
Durante la tarde de este viernes el cuerpo de Eloy Gutiérrez Menoyo será velado en una céntrica funeraria de la capital y el sábado será cremado. Para las nuevas generaciones de cubanos su nombre se pierde en la niebla del tiempo y de la historia, pero para quienes lo conocieron queda la sensación de que se ha perdido un buen hombre, preocupado por esa patria adoptiva que hizo suya.


 E P D 
ELOY GUTIERREZ MENOYO
1934 - 2012
1959  Eloy Gutiérrez Menoyo

Fotografiado aquí el 2 de octubre de 1959.  fue uno de los comandantes extranjeros que combatió contra la dictadura de Batista. fundador del Segundo Frente Nacional del Escambray, frente guerrillero independiente al de Castro en la Sierra maestra. (foto:Lester Cole )


Eloy Gutiérrez Menoyo cubano nacido en Madrid en 1934, comandante de la revolución que depuso al dictador Fulgencio Batista, dictó este texto a su hija durante su enfermedad para que fuese publicado a su muerte:

LA REVOLUCIÓN CUBANA ESTA AGOTADA

El año 1959 registró un acontecimiento que parecía marcado por la poesía: la Revolución Cubana. De aquella Revolución, esparcidos por la isla y por el mundo, quedan hoy restos dolorosos de un naufragio. En el 2003 regresé a Cuba. Enemigo en un tiempo del Estado cubano y percibido así oficialmente, intentaba una actividad pacífica que fecundara a favor de un espacio político. Durante años, desde el exilio en visitas puntuales a Cuba, habíamos dialogado con este gobierno con vista a una apertura política. Con el país hecho añicos, sin el socorro de la desaparecida esfera comunista, no le quedaba a Cuba otra salida que no fuera el cambio.
Así se lo manifesté a Fidel Castro en nuestros encuentros que consideré breves pero sustantivos. Sin embargo, desde mi llegada sorpresiva, no se me ha extendido el carnet de identidad ni se me ha otorgado el espacio político que se discutió en un tiempo. Es cierto que se ha tolerado mi presencia pero ello ha ocurrido bajo el ojo orwelliano del Estado que se ha preocupado por observar de cerca a nuestra militancia.
En el tiempo que he pasado aquí, he visto también la destitución de sus cargos de algunos de los funcionarios oficiales que compartieron conmigo y otros activistas de Cambio Cubano, no sólo la preocupación por los problemas que asolan a nuestro pueblo, sino también la urgencia de producir la necesaria apertura política. Esa apertura política traería consigo grandes transformaciones que se hacen impostergables y para las cuales no faltó en los momentos de nuestras conversaciones cierto estímulo alentador por parte del más alto liderazgo de este país.
Hoy día, sin perder mi fe en el pueblo cubano, denuncio que aquella empresa, llena de generosidad y lirismo, que situaría de nuevo a Cuba a la vanguardia del pensamiento progresista, ha agotado su capacidad de concretarse en un proyecto viable.
Comparto esta realidad con los mejores factores del pueblo cubano, estén en el gobierno, en sus depauperadas casas o en el exilio, y asumo la responsabilidad de este tropiezo a la vez que me reafirmo en las ideas que en su inicio suscitaron la admiración de amplios sectores cubanos e internacionales. Hago esta declaración en medio también de un diagnóstico médico en lo que va menguando mi salud personal. Asumo la responsabilidad de esta batalla y no me amedrenta el hecho de que algunos puedan calificarla de fracaso. La voluntad de perpetuarse en el poder de Fidel Castro ha podido en este caso más que la fe en la posible renovación de los mejores proyectos cubanos desde fecha inmemorial. ¿Cuál es la Cuba a la que me enfrento hoy en medio de mi enfermedad? Es una Cuba desolada en la que el carácter ético del proceso de 1959 se ha hecho inexistente. El ciudadano ha ido perdiendo consciencia de sí mismo: se resiste aunque a veces no lo exprese y la juventud se sustrae y convierte el deseo de escapar en una obsesión desmesurada. Grandes sectores de la gente de a pie ya sabe de memoria que esta revolución ya no tiene sentido moral. El cubano ha ido perdiendo su esencia. Sobrevive en la simulación y en ese extraño fenómeno del doble lenguaje. Las estructuras son irracionales. La extranjerización de la economía se monta precariamente sobre una fórmula absurda y desbalanceada que excluye el protagonismo y la iniciativa nacional.
El gobierno que pregonó ser del pueblo y para el pueblo no apuesta por la creatividad y la espontaneidad nacional y el sindicalismo brilla por su ausencia.
Me ha tocado vivir de cerca la ardua faena de intentar hacer oposición en este país. He sido firme en mi posición independentista y en mi llamado a marcar distancia de cualquier proyecto vinculado a otros gobiernos. Pero el gobierno cubano ha sido tenaz en su minuciosa labor de hacer invisible a la oposición, a la que se coacciona y cohíbe de movilizarse y no se le permite insertarse en las áreas importantes de las comunicaciones o la legislación.
¿Cómo indemnizar a un país por 50 años de disparates contra su ciudadanía? ¿Cómo se indemniza a un pueblo de tantos daños directos contra la colectividad y el ciudadano? ¿Cómo se le indemniza de los errores por consecuencia?
El gobierno cubano no deja duda de su incapacidad de crear progreso. Como resultado de esta realidad el cubano deambula por sus calles como un ciudadano disminuido, inquieto, triste e insolvente. En la mentalidad de los que se aferran al poder a toda costa ese ciudadano es el modelo y candidato perfecto a la esclavitud. La Constitución no funciona. El sistema jurídico es una broma. La división de poderes no es siquiera una quimera. La sociedad civil es, como el progreso, un sueño pospuesto por medio siglo.
¿Burla la justicia la madre desesperada que busca leche para su hijo en la bolsa negra? Hace unos 60 años, Fidel Castro se dirigió a un magistrado, en medio de una dictadura pero con prensa libre como testigo, y explicó que si se le acusaba por uso de fuerza militar revolucionaria, ese agravio, ese desacato a la ley, y aquella querella oficial contra él, debían ser desestimados ya que el gobierno existente era producto ilícito de un golpe de estado. Aquella lógica, inexpugnable y cierta, podría aplicarse hoy día, en nombre de la oposición para decir que el gobierno cubano hace un grosero uso del poder absoluto y que su consolidación a perpetuidad es una intolerable disposición testamentaria. Se usaría bien aquel planteamiento de Fidel ante un magistrado para decir que nadie puede hacerse custodio eterno de un país ni llevar adelante una meticulosa empresa de abolir la realidad y de paralizar el avance. También se me ocurriría preguntar dónde está la dirección originaria del proceso por el que murió mi hermano Carlos o cuándo terminará la desazón de sentir que el futuro está hipotecado. Durante 50 años de destreza política y control policiaco el cubano ha sido un verdadero héroe de la subsistencia dentro de un laberinto dialéctico. Ha manejado el desencanto y el extravío y el desdoblamiento y la fatiga. ¿Qué tiene de nuevo que decirle este gobierno a ese cubano acerca de su destino incierto? Según los médicos, mi diagnostico es irreversible. Voy sintiendo que cada día será más opaco y a la vez más cierto en la brevedad de mi destino. No temo el diagnóstico que parece ser una ruta y la caminaré con calma y con esperanza en el futuro de Cuba, esta tierra de hombres y mujeres inigualables. Quisiera decir que me reitero en las ideas que alentaron en mí y en mis hermanos mis padres generosos; ni tamizo ni renuncio a mi vinculo con la socialdemocracia, una vinculación que es, cada vez más, a partir de la visión incluyente de la historia; las posibilidades de éxito de cualquier visión política se engrandecen o achican a partir de la generosidad y el sentido de compromiso colectivo, la capacidad de acuerdo de sus portadores.
Si ofendí a alguien, si los fantasmas de las diferentes contiendas me tentaron a faltarle a la generosidad, pido benevolencia, al igual que olvido a quienes pudieron haberme juzgado de manera apresurada hoy reflexiva. Creo haber servido a Cuba en diferentes etapas por encima de los errores de mi autenticidad, de cualquier falta de visión de mi parte o de cualquier terquedad en el camino. Durante la revolución, creo haber sido una voz de humanismo que se manifestó quizá mejor en el sentido de oponerme a los fusilamientos. Haber vivido en mi infancia la guerra civil española me había preparado para intentar al menos el dominio de las pasiones. No creo haber sido de los que permitieron el reverso del sueño que acabó en convertirse en la peor pesadilla. Alguien podría interpretar este documento como un lamento pesimista. Sin embargo, no es ese su propósito como no va en él ninguna forma de cólera aunque me haga eco de estos duros quebrantos de la familia cubana a la que me uní desde mi niñez al llegar a Cuba como miembro de una familia de exilados españoles republicanos. Mi optimismo se basa en la fuerza telúrica de esta isla; en la ternura infinita de la mujer cubana; en el poder de innovación de su gente más sencilla. La herencia de perdurabilidad de la Nación cubana resistirá todos los ciclones de la Historia y a todos los dictadores. Varela es más que una seña. Maceo es más guía que guerrero admirable. Martí no es una metáfora. La suerte llegará. Cuando el último cubano errante regrese a su isla. Cuando el último joven nacido en Madrid, en Miami o en Puerto Rico se reconozca en la isla. Cuando sanen las heridas y desaparezca el dolor habrá un pueblo que tendrá cautela de celebrar su nueva dicha y de cuidarse de magos iluminados y de proyectos mesiánicos. Porque, no importa cómo, la suerte llegará: delgada, silenciosa y frágil como una mariposa llena de júbilo, como una señal para este pobre pueblo que merece algo mejor. Yo sé que habrá una mariposa que se posará en la sombra. Me habría gustado poderle decir que habría querido dar más; acaso ella habría entendido que sólo pude dar mi vida y que tuve el privilegio de ser parte de esta isla y de este pueblo.

El Pais (España)